SUDS: del agua como problema al agua como recurso

Ana Anguiano Blanco
Ambientóloga
Píntega Xardíns

La forma en la que construimos nuestras ciudades modifica profundamente el ciclo natural del agua. Allí donde antes existían suelos capaces de absorber parte de las precipitaciones, hoy encontramos edificios, carreteras, aceras y otras superficies impermeables que dificultan la infiltración y aumentan la escorrentía superficial.

Cuando se producen lluvias intensas, grandes volúmenes de agua pueden concentrarse en periodos muy reducidos. Tradicionalmente, la respuesta ha consistido en recoger esa agua y conducirla rápidamente hacia sumideros, colectores y redes de saneamiento.

Pero ¿y si, en lugar de limitarse a evacuar el agua de lluvia, la ciudad fuese capaz de retenerla, filtrarla, infiltrarla y aprovecharla?

Este es uno de los principios fundamentales de los Sistemas Urbanos de Drenaje Sostenible (SUDS).

¿Qué son los SUDS?

Los SUDS engloban diferentes soluciones destinadas a gestionar la escorrentía pluvial intentando reproducir, en la medida de lo posible, el comportamiento natural del terreno previo a su urbanización.

Su filosofía supone un cambio respecto al drenaje convencional. El objetivo deja de ser únicamente transportar rápidamente el agua hasta la red de saneamiento y pasa a gestionarla desde el origen, favoreciendo procesos como la captación, retención, almacenamiento, infiltración, filtración y evacuación controlada.

De esta manera, parte del agua puede permanecer temporalmente en el espacio urbano, infiltrarse cuando las condiciones lo permiten o liberarse progresivamente, reduciendo los picos de escorrentía que llegan a las redes de drenaje.

No se trata necesariamente de sustituir los sistemas convencionales, sino de complementarlos con soluciones que permitan gestionar el agua de una forma más próxima a su ciclo natural.

 

Una de las principales diferencias está en la consideración del agua de lluvia. En el modelo convencional, la precipitación sobre una superficie impermeable se convierte rápidamente en un caudal que debe evacuarse. Con los SUDS, esa misma precipitación pasa a considerarse un recurso que puede gestionarse dentro del propio proyecto.

No existe una única solución. Entre las técnicas que pueden formar parte de una estrategia SUDS encontramos jardines de lluvia, parterres inundables, zanjas y pozos de infiltración, pavimentos permeables, sistemas de almacenamiento, áreas de biorretención, cubiertas ajardinadas o humedales artificiales.

La mayor eficacia se consigue cuando estas soluciones dejan de entenderse como elementos independientes y pasan a formar parte de una estrategia integral de gestión del agua desde las primeras fases del proyecto.

Jardines de lluvia: vegetación que también gestiona agua

Los jardines de lluvia muestran especialmente bien la relación entre paisajismo y gestión hidráulica.

Son zonas vegetadas diseñadas para recibir temporalmente agua procedente de superficies próximas, como pavimentos, cubiertas o viales. Mediante una adecuada combinación de vegetación, sustratos y capas drenantes, permiten almacenar parte de la escorrentía, favorecer su filtración y, cuando las características del terreno lo permiten, facilitar su infiltración.

Su diseño debe ir mucho más allá de criterios ornamentales. La topografía, capacidad de infiltración, volumen de agua recibido, composición y profundidad del sustrato, drenaje y tolerancia de las especies a diferentes condiciones de humedad pasan a formar parte del proyecto.

El jardín deja así de ser únicamente una composición vegetal para convertirse también en una infraestructura funcional.

Cubiertas ajardinadas: gestionar la lluvia desde el edificio

Los SUDS tampoco tienen por qué limitarse al nivel de la calle. Las cubiertas ajardinadas constituyen otro ejemplo de integración entre arquitectura, vegetación y gestión de las precipitaciones.

Mientras una cubierta convencional conduce rápidamente el agua hacia bajantes y redes de evacuación, en una cubierta ajardinada parte de la precipitación queda retenida temporalmente en la vegetación, el sustrato y las distintas capas del sistema.

Parte del agua almacenada regresa posteriormente a la atmósfera mediante evaporación y evapotranspiración, mientras que el excedente se evacúa de manera más gradual. Así, las cubiertas vegetales pueden contribuir a reducir y retrasar los picos de escorrentía.

Su correcto funcionamiento depende de un diseño adecuado del sustrato, capacidad de retención, drenaje, selección vegetal, pendientes y sistemas de evacuación.

Una parte fundamental del funcionamiento de los SUDS permanece oculta. Bajo un jardín de lluvia, un parterre inundable o una cubierta ajardinada encontramos sustratos específicos, capas filtrantes, elementos drenantes, sistemas de almacenamiento y conducciones.

Por ello, la ejecución resulta tan importante como el diseño. Una elección incorrecta del sustrato, una compactación excesiva, un drenaje deficiente o unas cotas mal ejecutadas pueden alterar significativamente el funcionamiento previsto.

Estas soluciones requieren coordinación entre arquitectura, ingeniería, urbanización y paisajismo, entendiendo la infraestructura verde como una parte más del sistema constructivo y no como un elemento añadido al finalizar la obra.

Aunque la gestión de la escorrentía es su función principal, los SUDS ofrecen otros beneficios. Dependiendo de la solución empleada, pueden contribuir a reducir caudales punta, favorecer la infiltración, retener temporalmente precipitaciones y mejorar la calidad del agua mediante procesos físicos y biológicos.

Cuando incorporan vegetación aparecen además beneficios propios de la infraestructura verde: biodiversidad, mejora paisajística, sombra, evapotranspiración y creación de entornos urbanos más agradables.

Una misma superficie puede así desempeñar varias funciones. Un parterre puede aportar valor paisajístico y gestionar escorrentía; una cubierta puede crear un espacio verde y participar en la regulación de las precipitaciones.

Ya no hablamos solamente de cuánto espacio verde tiene una ciudad, sino de qué funciones es capaz de desempeñar ese espacio.

La progresiva impermeabilización del suelo urbano hace necesario replantear nuestra relación con el agua.

Los SUDS parten de una idea sencilla: intentar que el agua permanezca durante más tiempo allí donde precipita y devolver espacio a los procesos naturales de infiltración, almacenamiento y evapotranspiración.

Esto exige pensar en el agua desde las primeras fases del proyecto: dónde caerá, hacia dónde circulará, dónde puede almacenarse, si existe posibilidad de infiltración y cómo se evacuará el excedente.

Responder a estas cuestiones desde el diseño permite integrar soluciones hidráulicas, constructivas y paisajísticas.

Durante mucho tiempo hemos diseñado nuestras ciudades para alejar el agua de lluvia lo más rápidamente posible. Los nuevos modelos de drenaje urbano plantean aprender a convivir con ella: retenerla, filtrarla, infiltrarla cuando sea posible, aprovecharla y evacuar de forma controlada aquello que el sistema no pueda gestionar.

En este escenario, la jardinería y el paisajismo adquieren una dimensión técnica cada vez mayor. La vegetación, los sustratos y el suelo dejan de ser únicamente elementos ornamentales para convertirse en componentes capaces de participar activamente en el funcionamiento de nuestras ciudades.

Porque quizás el futuro del drenaje urbano no consista únicamente en construir infraestructuras capaces de evacuar más agua, sino en diseñar ciudades capaces de gestionarla mejor.

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