Uno de los clientes de mi actual empresa es promotor delegado. Revisando la documentación que me facilitó de sus subcontratas de obra me sorprendió el orden en contratos, facturas, pagos, presupuestos. Cerca de doce proveedores diferentes, cada uno de su oficio, cada uno de su padre y de su madre, todos pasando por el mismo aro, sin conocerse entre ellos. Cuando se lo comenté a nuestro cliente me habló con orgullo de la plataforma web que usan para gestionar a todos los proveedores.

Resulta inevitable no tratar de afrontar los problemas por donde vienen, y en este caso existe un problema evidente no resuelto ni por la legislación vigente ni por la Jurisprudencia. Me refiero a la intervención sobrevenida de las Comunidades de Montes en Mano Común en situaciones urbanísticas impropias de la naturaleza y fundamento de aquellas. Sería una locura profundizar sobre el problema jurídico y no creo que sea el objeto de este breve artículo cuyo único fin es propiciar la reflexión.

No cabe duda de que el mercado inmobiliario actual es uno de los principales motores de la economía de nuestro país; y es que no sólo ha demostrado su solidez durante la pandemia sino que, incluso, ha salido reforzado. De hecho, aunque de forma más moderada, el sector inmobiliario sigue creciendo y, según los expertos, así seguirá en los próximos años.