El granito como decisión estratégica en la promoción inmobiliaria contemporánea

José Ángel Lorenzo Ramírez
Secretario general del CLUSTER DEL GRANITO
Coordinador de la Fundación Centro Tecnolóxico do Granito de Galicia

Cómo reducir riesgo, controlar costes a largo plazo y proteger el valor del activo a partir de casos internacionales y la ventaja industrial de Galicia

Ilustración 1. El granito como decisión estratégica: durabilidad, estabilidad técnica y protección del valor del activo inmobiliario a largo plazo.

Resumen ejecutivo para el promotor

La rentabilidad de una promoción inmobiliaria ya no depende solo del coste de construcción ni de la imagen del edificio en el momento de la entrega. Cada vez más, el valor de un activo se mide por su capacidad para reducir riesgos, controlar costes futuros y mantener su atractivo durante décadas. En ese escenario, la elección del material de fachada se convierte en una decisión estratégica con impacto directo en el negocio del promotor.

Este artículo demuestra por qué el granito, analizado desde criterios de ciclo de vida, mantenimiento, seguridad frente al fuego y estabilidad normativa, ofrece ventajas competitivas claras frente a soluciones más complejas o de vida útil limitada. A través de dos casos internacionales de referencia —Londres y Toronto— se explica cómo la piedra natural permite simplificar sistemas, reducir capas constructivas y transformar costes recurrentes en inversiones duraderas que protegen el valor del edificio.

El artículo baja estas lecciones a la práctica mediante un checklist orientado al promotor y subraya una fortaleza diferencial del contexto gallego: disponer de una industria granitera cercana, tecnificada y capaz de intervenir desde las primeras fases del proyecto. Una ventaja que se traduce en mayor control de plazos, costes y ejecución.

La conclusión es clara: cuando se decide con criterios económicos de medio y largo plazo, el granito deja de ser una elección estética para convertirse en una herramienta eficaz de gestión del riesgo y de creación de valor inmobiliario.

El cambio de paradigma: de “construir” a “gestionar activos”

Durante décadas, gran parte de la promoción inmobiliaria en España se ha apoyado en una lógica bastante simple: controlar el coste directo de ejecución material para maximizar el margen inmediato en venta. La cadena de decisiones —plazo, contrata, industrialización, calidades— se organizaba alrededor de un indicador dominante: el precio por metro cuadrado, entendido casi como síntesis universal del éxito. En ese marco, la elección del material de fachada era, en demasiados casos, una derivada tardía: una cuestión de “acabado”, resuelta cuando la estructura, el calendario y las partidas principales ya estaban cerradas.

Ese modelo, sin embargo, está mutando a gran velocidad. El promotor contemporáneo, incluso cuando vende, opera cada vez más como gestor de un activo: un producto que debe sostener valor, rendimiento técnico, reputación y viabilidad regulatoria durante décadas. Y cuando el activo se explota (build-to-rent, residencias, oficinas, logística o mixto), el desplazamiento conceptual es total: el edificio deja de ser “entrega” y pasa a ser “operación”.

Este cambio de paradigma tiene tres motores claros.

Primero, la volatilidad de los costes operativos y de mantenimiento. La gestión del edificio se ha encarecido: energía, mano de obra, sustitución de componentes, reparaciones, reclamaciones y, sobre todo, incertidumbre. Un proyecto puede cumplir su programa funcional y, aun así, deteriorarse como activo si su envolvente pierde prestaciones, si aparecen patologías recurrentes o si soluciones inicialmente económicas obligan a sustituciones tempranas.

Segundo, la presión regulatoria creciente, especialmente en seguridad contra incendios, eficiencia energética y trazabilidad ambiental. Las envolventes se han convertido en punto crítico: por su relación con la energía, por su interacción con el fuego y por la exposición mediática y legal que conllevan sus fallos.

Tercero, la profesionalización de la demanda, impulsada por inversores institucionales, fondos, SOCIMIs/REITs, aseguradoras y financiadores. En operaciones relevantes, la compra ya no se decide por renders: se decide por auditorías técnicas, por due diligence, por matrices de riesgo y por previsiones de inversión y mantenimiento/gastos operativos. En ese examen, el comportamiento de fachada y su obsolescencia probable pesan mucho más de lo que se admite en conversaciones de obra.

En este contexto, la materialidad vuelve al centro, pero no como fetiche estético: vuelve como variable económica. El material condiciona riesgo técnico, estabilidad operativa, exposición a futuras exigencias normativas y percepción de calidad del inmueble. Elegir material implica anticipar cómo envejece el edificio, qué intervenciones requerirá y qué incertidumbres incorpora a la gestión.

Ilustración 2. En promoción contemporánea, la envolvente deja de ser estética: es una variable de riesgo, mantenimiento y valor del activo.

Esta reorientación cambia también la manera de planificar el proyecto desde fases iniciales. Cuando la materialidad entra tarde, el edificio arrastra decisiones casi irreversibles (detalles, compatibilidades, cargas, accesos de mantenimiento, garantías) que se traducen en desviaciones de coste y plazo. Integrar el material desde el inicio alinea arquitectura, ingeniería y economía bajo un criterio de durabilidad y control del riesgo. En términos llanos: reduce sorpresas.

Y obliga a superar, de una vez, la lógica del “presupuesto cerrado por partidas” como único marco de decisión. El coste global (Life Cycle Costing, LCC) se construye sumando inversión inicial, operación, mantenimiento, riesgo, reposiciones e incluso el “coste reputacional” de incidencias visibles. Materiales robustos tienden a reducir desviaciones, conflictos posteriores y costes indirectos derivados de sustituciones y litigios. Cuando la vida útil se alarga, el valor residual crece y la amortización se estabiliza. Esta mirada es especialmente relevante en activos patrimonialistas, terciarios y residenciales con horizontes de décadas.

Desde aquí se entiende mejor el papel del granito: no como “elección noble”, sino como decisión empresarial.

El granito como herramienta de mitigación de riesgo: previsibilidad financiera y gobernanza

Si hay una palabra que resume el cambio de época para el promotor es previsibilidad. La previsibilidad reduce prima de riesgo, facilita financiación, mejora el encaje asegurador y, en explotación, protege los ingresos. El granito, observado sin clichés, es una herramienta de previsibilidad por una razón simple: sus propiedades son intrínsecas, no dependen de “capas” ni de soluciones que envejecen mal.

1) Estabilidad regulatoria y seguridad contra incendios

La seguridad contra incendios es hoy un eje de decisión en envolventes. Los mercados han endurecido exigencias y la conversación ya no es técnica únicamente: es legal, mediática y reputacional. En Europa, el marco de reacción al fuego se articula en torno a EN 13501-1 y las Euroclases; en España, el CTE DB-SI orienta la exigencia de seguridad en caso de incendio.

En este punto, el granito tiene una ventaja rara: es no combustible por naturaleza. La norma europea EN 1469 sobre productos de piedra natural para revestimiento recoge explícitamente que las piedras naturales se consideran reacción al fuego Clase A1 conforme a la Decisión 96/603/EC (con excepciones cuando hay contenido orgánico relevante o tratamientos específicos). 

Traducido a negocio: menos dependencia de certificaciones “de sistema” que cambian, menos incertidumbre ante futuras revisiones, y una conversación más sencilla con aseguradoras y auditores. Se reduce el riesgo de que el edificio quede “penalizado” por soluciones que, años después, se consideran problemáticas.

2) Mantenimiento, patologías y continuidad de explotación

La mayor parte de los costes inesperados de un activo no llegan por el “material caro” sino por el material que obliga a intervenir. El granito envejece de forma estable: su degradación es lenta, visible y generalmente controlable. Frente a soluciones con capas, sellantes complejos, adhesivos o acabados con ciclos de repintado, la piedra minimiza intervenciones disruptivas. Para activos en explotación, esto es capital: menos obras en fachada implica menos quejas, menos riesgos laborales, menos interrupciones y menos pérdida de ingresos.

Aquí conviene insistir en un matiz que los promotores experimentados conocen bien: el problema no es tanto el coste del mantenimiento planificado, sino el coste del mantenimiento correctivo cuando aparece bajo presión (filtraciones, desprendimientos, envejecimiento desigual, incompatibilidades). El granito, bien diseñado y bien anclado, reduce de forma material esa clase de incidentes.

3) Valor residual, tasación y “calidad percibida” como variable financiera

A medio y largo plazo, el mercado interpreta la calidad material como señal de solvencia. Una envolvente que mantiene imagen y prestaciones refuerza confianza, atrae mejores usuarios y resiste mejor los ciclos. Esa percepción incide en tasación, financiación y liquidez del activo. No es un argumento “estético”; es el modo en que el mercado descuenta la obsolescencia.

En activos terciarios, el impacto es directo: la envolvente es marca. En residenciales “prime”, es diferencial. En rehabilitación, es reposicionamiento. Por eso, cuando se analiza el LCC con seriedad, el granito suele tener una lectura más competitiva de lo que su precio inicial sugiere, porque desplaza parte del coste desde el futuro incierto hacia el presente controlable.

Infografía 1. En coste total (LCC), el granito tiende a reducir reposiciones, incidencias y las inversiones correctivas a medio y largo plazo.

4) ESG real: menos relato y más física

El ESG, en inmobiliario, corre el riesgo de convertirse en una colección de etiquetas. El promotor serio lo sabe: lo que interesa es que el activo sea defendible ante financiadores, inquilinos y reguladores, y que lo sea con datos, no con slogans.

El granito ayuda por tres vías:

  • Durabilidad extrema, que reduce reposiciones y consumo de recursos.
  • Reutilización y circularidad potencial (reaprovechamiento como elemento o trituración como árido).
  • Reducción del riesgo de “lock-in” tecnológico (no dependes de un “sistema” que en 15 años quede obsoleto).

No es una panacea: hay que trabajar la extracción responsable, la logística, los espesores, la optimización de formatos y, si procede, las declaraciones ambientales (EPD). Pero como punto de partida, la piedra natural tiene una ventaja: su desempeño se apoya en propiedades verificables.

Ejemplos prácticos internacionales y las lecciones para el contexto gallego

Una decisión material solo se valida cuando mejora el comportamiento económico del edificio a lo largo de su vida útil. No en el coste de ejecución, sino en la suma de mantenimiento, estabilidad normativa, riesgo técnico y capacidad del activo para conservar valor y generar rentas. Es en ese recorrido donde se comprueba si una solución constructiva aporta control o introduce costes diferidos difíciles de anticipar.

Los casos que se analizan a continuación permiten observar cómo determinadas decisiones en piedra natural han contribuido a simplificar sistemas, reducir capas y aumentar la previsibilidad del edificio en uso. Más allá de su interés arquitectónico, ofrecen lecciones directamente aplicables a la promoción inmobiliaria y especialmente pertinentes en el contexto gallego, donde la proximidad de la industria granitera permite trasladar estas estrategias al proyecto real con mayor control de costes, plazos y retorno de la inversión.

  • Caso de estudio I: 15 Clerkenwell Close (Londres). La ingeniería de la simplicidad y el fin de la superposición de capas

El proyecto de 15 Clerkenwell Close constituye un ejemplo especialmente ilustrativo de cómo una decisión material adoptada desde el inicio puede alterar de forma sustancial la lógica constructiva y económica de un edificio. En un contexto urbano exigente y altamente regulado como el londinense, la elección de la piedra natural como sistema estructural no responde a una voluntad formal, sino a una estrategia orientada a simplificar soluciones, reducir riesgos y ganar control sobre el comportamiento del activo a largo plazo.

Ilustración 3. 15 Clerkenwell Close (Londres): la piedra como estructura visible. Menos capas, menos oficios, más control.

 

El punto fuerte del proyecto, desde la perspectiva promotor, es que cuestiona el dogma constructivo contemporáneo: “estructura, por un lado, envolvente por otro, acabado por otro”. En Clerkenwell, el exoesqueleto de piedra asume función portante y carácter final. Se reduce la superposición de sistemas y se acota el número de interfaces (y las interfaces son, estadísticamente, donde se concentran fallos, reclamaciones y sobrecostes).

RIBAJ recoge una afirmación clave de interés económico: la opción de superestructura de piedra resultó altamente económica, llegando a indicarse que fue alrededor de un 25% del coste de una estructura comparable de acero u hormigón revestida en piedra, y que el coste global del “shell & core” se situó aproximadamente en torno a la mitad frente a equivalentes de acero/hormigón. 

Conviene leer ese dato con cabeza: no es un “precio universal” exportable sin más; es la constatación de que, cuando el sistema está pensado desde el principio, la piedra puede competir no solo por durabilidad, sino por economía de conjunto al eliminar capas, oficios y protecciones.

En paralelo, el debate sobre carbono embebido aparece ligado a la construcción estructural en piedra. Webb Yates, como ingeniería vinculada a este tipo de soluciones, ha defendido que la piedra puede reducir de forma muy notable el carbono embebido frente a marcos típicos de acero u hormigón. En el entorno de Groupwork/Amin Taha, también se han publicado referencias que sitúan reducciones muy elevadas en carbono embebido asociadas a estructuras de piedra frente a alternativas convencionales. 

De nuevo, el promotor prudente no debería quedarse en el titular porcentual, sino en el mecanismo: si reduces cemento y acero (dos de las mayores fuentes de emisiones en construcción), y concentras funciones en menos sistemas, el potencial de reducción de carbono y de complejidad es real. Lo importante es que el caso funciona como demostración construida: la piedra no es nostalgia; puede ser ingeniería contemporánea, con mecanizado y tolerancias exigentes.

Desde la gestión del proyecto, el beneficio del uso de la piedra es tangible: menos oficios, menos subcontratas especializadas, menos dependencias de “sistemas de terceros” que exigen compatibilidades delicadas, y un mayor control del producto final. En entornos urbanos con restricciones logísticas, eso importa. En mercados con litigiosidad creciente, importa aún más.

Ilustración 4. El detalle explica el concepto: la piedra no reviste, trabaja. Esto reduce capas y puntos de fallo.

Lectura en clave de promotor.

  1. Si el sistema reduce capas y oficios, reduce riesgos económicos y técnicos.
  2. Si el material es A1 por naturaleza, reduce incertidumbre regulatoria frente al fuego. 
  3. Si el edificio mantiene imagen y prestaciones, protege su tasación futura y su liquidez.
  4. Si el sistema se integra desde el inicio con industria y dirección facultativa, la piedra puede ser competitiva también en coste de conjunto. 

Ese es el valor del caso: su utilidad para promotores no está en la anécdota formal, sino en la demostración de una lógica de negocio material: simplificar para controlar.

  • Caso de estudio II: 95 Wellington Street (Toronto). Recladding en granito como revalorización estratégica del activo

El edificio de oficinas situado en 95 Wellington Street West ejemplifica una situación habitual en mercados maduros: un activo bien ubicado cuya envolvente había dejado de responder a las exigencias técnicas, normativas y de mercado actuales. La intervención no se planteó como una operación cosmética, sino como una decisión estratégica orientada a recuperar competitividad, reducir costes futuros y prolongar la vida económica del inmueble sin interrumpir su funcionamiento.

La elección de un sistema de fachada ventilada en granito permitió abordar de forma simultánea cuestiones clave para el propietario y el promotor: seguridad frente al fuego, estabilidad de mantenimiento, mejora del rendimiento térmico y reposicionamiento de la imagen del edificio. El resultado demuestra cómo una actuación de recladding bien definida puede transformar un activo en explotación, reforzando su valor patrimonial y su capacidad para generar ingresos en un entorno urbano altamente competitivo.

Ilustración 5. 95 Wellington Street (Toronto): el recladding con granito reposiciona el activo, mejora prestaciones y refuerza su valor competitivo.

El interés promotor del caso está en la lógica: rehabilitar para competir. En España, el parque edificado —oficinas y residencial— afronta un desafío masivo de actualización. En muchos casos, el “problema” no es la estructura: es la envolvente, la energía, la percepción y la seguridad. Cuando la fachada envejece mal, el activo pierde atractivo, sube sus gastos operativos y se vuelve más difícil de financiar o alquilar.

95 Wellington muestra una estrategia de revalorización: sustituir una piel obsoleta por un sistema ventilado de alto desempeño y baja obsolescencia. El granito, aquí, no es “lujo”: es una inversión que estabiliza el activo y reduce recurrencia de intervención. La documentación de proyecto y reportajes técnicos inciden en el uso del granito Bethel White en el recladding. 

Además, en el ámbito de certificación sostenible, el edificio aparece con referencias a LEED Platinum en fuentes oficiales del propietario/gestor y del ecosistema LEED. Cadillac Fairview menciona LEED Platinum para el activo (en el contexto de sus certificaciones), y el USGBC recoge la ficha del proyecto “TDC – 95 Wellington” con recertificación O+M en nivel Platinum. También el Canada Green Building Council lista la recertificación “TDC – 95 Wellington” en Platinum (LEED O+M: Existing Buildings v4.1). 

Este punto es importante porque introduce una lectura más sofisticada para el promotor: la sostenibilidad “operativa” (O+M) y la “material” (durabilidad, mantenimiento, fuego) convergen. Un recladding bien resuelto no solo embellece: mejora la explotación, facilita certificaciones, reduce incertidumbre y puede elevar rentas o reducir vacancia, porque el mercado percibe salto de calidad.

La experiencia de 95 Wellington Street West confirma que una intervención de recladding bien planteada puede ir mucho más allá de una actualización estética. Al sustituir una envolvente envejecida por un sistema duradero y técnicamente estable, el edificio reduce su exposición a costes recurrentes, gana previsibilidad en mantenimiento y mejora su posicionamiento en un mercado altamente competitivo. En términos promotores, la actuación transforma un foco de riesgo en una palanca de valor.

Este tipo de decisiones resulta especialmente relevante en activos en explotación, donde cada intervención debe equilibrar impacto económico, continuidad operativa y retorno a medio plazo. El caso de Toronto demuestra que el uso del granito en fachada ventilada permite abordar ese equilibrio con mayor control, reforzando la vida útil del inmueble y consolidando su capacidad para generar ingresos sin introducir nuevas incertidumbres técnicas o regulatorias.

Ilustración 6. La fachada ventilada en granito combina estética, prestaciones y facilidad de mantenimiento: clave en recladding de activos en uso.

Lo que estos casos enseñan al promotor: un “checklist” de decisiones que evitan costes futuros

Los casos de Londres y Toronto no deberían leerse como ejercicios de arquitectura singular. Su verdadero interés es que obligan a hacer explícitas decisiones que, en promoción, a menudo se toman de forma implícita. Si se trasladan sus aprendizajes a una herramienta práctica para el promotor, el resultado puede resumirse en las siguientes preguntas.

¿Cuántos sistemas y capas estoy sumando realmente en la envolvente?

Cada capa añadida a la envolvente no es solo una solución técnica, sino también un contrato distinto, una garantía independiente y una posible fuente de conflicto futuro. Subestructuras, láminas, barreras, acabados y sellados suelen funcionar correctamente en el momento de la entrega, pero su comportamiento conjunto a lo largo del tiempo es más difícil de controlar.

Cuantas más capas intervienen, mayor es la probabilidad de incompatibilidades, degradaciones diferenciales o fallos en los encuentros. Para el promotor, la cuestión no es si el sistema cumple hoy, sino cuántas variables introduce mañana. Las soluciones que concentran funciones y reducen capas tienden a simplificar responsabilidades, facilitar el mantenimiento y limitar la aparición de costes no previstos.

¿Cuál es el comportamiento frente al fuego del conjunto y del material base?

Conviene distinguir entre el comportamiento frente al fuego del sistema completo y el del material que lo sustenta. Muchos sistemas alcanzan la clasificación exigida gracias a tratamientos, combinaciones de capas o soluciones auxiliares que dependen de una correcta ejecución y de un mantenimiento constante.

La ventaja de un material intrínsecamente incombustible es que su respuesta frente al fuego no depende de añadidos ni de certificaciones variables. Esto simplifica la justificación técnica, reduce la exposición a cambios normativos y aporta mayor estabilidad en auditorías, seguros y procesos de financiación. Para el promotor, no se trata solo de cumplir la normativa actual, sino de evitar incertidumbres regulatorias futuras.

¿Cuál es mi escenario real de mantenimiento a 10, 20 y 30 años?

Aquí conviene pensar en el mantenimiento que ocurre cuando el edificio está en uso, no en el que figura en una memoria técnica. No es lo mismo una envolvente que requiere limpieza y revisión visual que otra que obliga a sustituir piezas, renovar sellados o montar andamios de forma recurrente.

Cada intervención implica costes directos, molestias a los usuarios y, en activos en explotación, pérdida de ingresos. También es relevante el margen de maniobra ante cambios normativos o exigencias futuras. Los sistemas que dependen de componentes con vida útil limitada tienden a trasladar problemas al futuro; los materiales estables permiten planificar el mantenimiento como una tarea previsible, no como una fuente de sobresaltos.

¿Puedo justificar esta decisión material ante un auditor técnico sin necesidad de un discurso?

En algún momento, el edificio será evaluado por un auditor, una aseguradora o un inversor que no participó en la decisión inicial. En ese contexto, lo que cuenta no es el relato, sino la facilidad para justificar la elección con argumentos técnicos simples y verificables.

Cuando la durabilidad o la reacción al fuego forman parte de la propia naturaleza del material, la justificación se apoya en hechos, no en explicaciones. Esto reduce fricciones en procesos de financiación, tasación o transmisión del activo y aporta tranquilidad frente a revisiones futuras que no siempre se producen en escenarios favorables.

¿Estoy diseñando para operar, o solo para entregar?

Durante años, muchas promociones se concibieron pensando casi exclusivamente en la entrega. Hoy, incluso en promoción para venta, el edificio se valora cada vez más como un activo que debe funcionar bien durante décadas.

Diseñar para operar implica anticipar cómo se gestionará la fachada en uso: accesos para limpieza, facilidad de sustitución puntual, impacto de las intervenciones y capacidad de resolver incidencias sin paralizar la actividad. Una envolvente que exige actuaciones complejas traslada problemas al futuro, aunque haya permitido ajustar el coste inicial. Para el promotor, la diferencia está en si el diseño facilita una operación previsible o deja una herencia de costes difíciles de gestionar.

¿Dispongo de una industria y una cadena de suministro que me den control real sobre el proyecto?

No hay buena solución constructiva sin una ejecución fiable. Un material puede ser adecuado en teoría y problemático en la práctica si la cadena de suministro es larga, fragmentada o poco flexible. Cada intermediario añade incertidumbre en plazos, costes y responsabilidades.

Trabajar con una industria cercana y tecnificada permite integrar la decisión material desde fases tempranas, optimizar formatos, resolver detalles y anticipar problemas antes de que lleguen a la obra. Para el promotor, esta cercanía no es simbólica, sino una herramienta directa de control del riesgo, del calendario y del resultado final.

Cuando se observan estas preguntas en conjunto, aparece una lógica común: las decisiones que reducen capas, simplifican sistemas y apuestan por materiales con comportamiento estable tienden a minimizar costes futuros y a mejorar el control del activo. Pero para que esa lógica funcione, es imprescindible contar con industria capaz de ejecutarla con precisión.

Este último punto conduce, de forma natural, al contexto gallego.

Galicia y O Porriño: proximidad industrial como ventaja competitiva (no identitaria) para el promotor

Trasladar las lecciones de Londres y Toronto al contexto español obliga a considerar un factor que rara vez se analiza con suficiente profundidad en promoción inmobiliaria: la proximidad de la industria que hace viable la solución. En Galicia, y de forma muy concreta en el entorno de O Porriño, existe un ecosistema granitero completo que permite que decisiones materiales complejas no se queden en el plano de la referencia internacional, sino que puedan incorporarse al proyecto real con mayor control de plazos, costes y responsabilidades.

Para el promotor, esta cercanía no es una cuestión identitaria ni simbólica. Es una cuestión operativa. Reducir intermediarios, acortar cadenas logísticas y trabajar con industria capaz de intervenir desde fases tempranas del proyecto introduce una ventaja clara en términos de previsibilidad y gestión del riesgo. En un contexto de volatilidad de costes, tensiones en la cadena de suministro y creciente exigencia regulatoria, la proximidad industrial actúa como un amortiguador de incertidumbre.

Ilustración 7. Proximidad industrial: cuando la piedra es sistema, la cadena de valor cercana mejora control de calidad, plazos y riesgo.

 

La idea clave no es el “orgullo local”, sino el control del proceso. En términos prácticos, esta ventaja se traduce en menor exposición a logística internacional y a la volatilidad del transporte; mayor capacidad de visita, validación, prototipado y control de calidad; e interlocución directa con la industria granitera desde las primeras decisiones de diseño. Para el promotor, esto significa poder optimizar formatos, espesores, despieces y subestructuras antes de que los problemas aparezcan en obra, cuando ya son caros de corregir.

Si se baja un nivel más en el análisis, la fortaleza del clúster gallego se entiende mejor cuando se observa su capacidad industrial real. La piedra natural contemporánea no es solo extracción y corte: es mecanizado de precisión, control dimensional, prefabricación, preparación para montaje rápido y, cuando el proyecto lo requiere, coordinación BIM. Esta capacidad permite tratar la fachada no como un “acabado”, sino como un producto industrializado, con tolerancias claras, planificación definida y control documental.

Para el promotor, este enfoque tiene consecuencias directas. Menos improvisación en obra implica menos residuos, menos ajustes de última hora y menos desviaciones presupuestarias. A menudo se olvida que el coste más difícil de controlar no es el del material, sino el de la incertidumbre. Y esa incertidumbre se paga casi siempre en obra, en plazos y en conflictos entre agentes.

La proximidad logística refuerza esta lógica. Las cadenas globales de suministro han demostrado su fragilidad. Cuando el proveedor está a pocos kilómetros, el promotor puede supervisar, ajustar y reaccionar. En una obra, la capacidad de reacción tiene un valor económico directo. No se trata solo de tiempos de transporte, sino de flexibilidad ante cambios, incidencias o ajustes inevitables en proyectos complejos.

Finalmente, los casos de Clerkenwell y 95 Wellington comparten una enseñanza clave: la piedra no entra como “revestimiento final”, sino como sistema definido desde fases tempranas, coordinado con ingeniería y construcción. Ese es el modelo que maximiza su valor económico. La oportunidad específica de Galicia es que facilita esa integración: industria, conocimiento técnico y experiencia exportadora trabajando de forma coordinada.

Para el promotor español, esto se traduce en mayor control sobre plazos, calidad y coste total del activo. En un mercado donde la presión regulatoria, la exigencia ESG y la profesionalización de la inversión avanzan de forma paralela, esta combinación de material estable e industria cercana constituye una ventaja competitiva real, medible y defendible en términos de negocio.

Granito, criterios ESG/ASG: cómo evitar que la sostenibilidad sea una etiqueta vacía

Tras analizar cómo la proximidad industrial permite reducir incertidumbre y ganar control en la ejecución, el siguiente paso lógico para el promotor es preguntarse cómo encaja esa decisión material en el marco ESG real, el que evalúan financiadores, auditores y aseguradoras. En promoción inmobiliaria, la sostenibilidad que cuenta no es la que se enuncia, sino la que resiste una revisión técnica y económica a lo largo del tiempo. Y ahí, más que en etiquetas o certificados aislados, lo que pesa es la durabilidad del sistema, su comportamiento en uso, su mantenimiento y su capacidad para evitar costes futuros difíciles de justificar.

Desde esta perspectiva, el granito aporta una ventaja clara: desplaza el foco desde el cumplimiento puntual hacia el desempeño a largo plazo. Un material con una vida útil muy superior al ciclo financiero habitual del edificio reduce la necesidad de sustituciones, rehabilitaciones tempranas y consumos recurrentes de recursos. En términos operativos, esto se traduce en una huella ambiental más estable y, sobre todo, más fácil de justificar ante análisis de ciclo de vida y auditorías técnicas.

En el plano ambiental, el granito presenta además una lógica directa y verificable. Es un material natural, sin procesos químicos complejos ni aditivos con vida útil limitada, cuya transformación industrial se apoya en operaciones mecánicas y energéticas conocidas. Frente a soluciones compuestas, cuyo impacto se reparte entre múltiples capas y materiales de difícil trazabilidad, la piedra permite una lectura más transparente del origen, del proceso y del comportamiento final. Para el promotor, esta claridad reduce fricciones en procesos de certificación y evita depender de discursos difíciles de sostener en el tiempo.

El componente social y de gobernanza también se ve afectado por la decisión material. Sistemas duraderos y estables reducen intervenciones futuras, mejoran las condiciones de mantenimiento y limitan la exposición a trabajos complejos o repetitivos en fachada. A su vez, la simplicidad técnica facilita la asignación de responsabilidades, la gestión de garantías y la relación con aseguradoras, aspectos cada vez más relevantes en proyectos de cierta escala o con inversores institucionales.

Conviene subrayar que el valor ESG del granito no reside en su capacidad para acumular sellos, sino en su comportamiento real como parte del activo. En un contexto en el que la financiación empieza a discriminar entre sostenibilidad estructural y sostenibilidad cosmética, los materiales que permiten justificar menos consumo futuro, menos riesgo técnico y mayor estabilidad operativa ganan peso. Para el promotor, esta diferencia se traduce en mejores condiciones de financiación, mayor atractivo del activo y menor exposición a revisiones desfavorables a medio plazo.

En definitiva, cuando la sostenibilidad se analiza desde la óptica del negocio inmobiliario —coste total, riesgo, operación y valor residual—, el granito deja de ser un argumento ambiental accesorio y pasa a formar parte de una estrategia coherente de gestión del activo. En resumen, no es una respuesta a una moda, sino una decisión técnica que refuerza, de forma silenciosa pero eficaz, la solidez económica del proyecto.

Ilustración 8. La sostenibilidad más defendible es la que se ve: longevidad, bajo mantenimiento y prestaciones estables.

 

Factores clave y cómo responderlos con criterios de promotor

Para que el artículo sea útil de verdad al público promotor y constructor, conviene abordar las objeciones típicas. No desde el marketing, sino desde la práctica.

Factor clave 1: “El granito es caro”

Depende de qué estés comparando. 

Si comparas el precio por metro cuadrado de suministro de una pieza con el de un panel industrial ligero, el granito suele salir peor que otras opciones. 

Pero si comparas el sistema completo (subestructura, sellados, protecciones, repintados, sustituciones) y lo proyectas a 30-50 años, la lectura cambia. Y si el activo se explota, la comparación cambia todavía más, dado que el valor esperado de la inversión mejora al incorporar piedra natural frente a otras opciones (TIR de la inversión).

El promotor no compite por “material barato”: compite por inversión y renovación controlado, gastos operativos estable, y valor residual alto.

Factor clave 2: “La piedra pesa y complica”

La ingeniería de fachada ventilada lleva décadas resolviendo estas cuestiones. Además, la solución no es siempre “más espesor”: el estudio del formato de la piedra, la modulación de la fachada, el sistema de anclajes utilizado, la subestructura y el soporte son un sistema complejo que puede ser optimizado. 

La piedra funciona bien cuando se diseña como sistema y no como una pieza aislada.

Factor clave 3: “La piedra es tradicional; el mercado pide modernidad”

La modernidad no es el material; es el uso inteligente del material. El ejemplo Clerkenwell lo demuestra: la piedra puede ser el componente más avanzado del proyecto cuando se combina con mecanizado, precisión y coordinación técnica.

Factor clave 4: “¿Y si cambia la normativa?”

Precisamente por eso importa elegir materiales con comportamiento intrínseco estable y comprobado. La piedra natural, al ser un material A1 y, por tanto, incombustible, reduce la dependencia de tratamientos adicionales o de composiciones de materiales que pueden quedar cuestionadas.

Recomendaciones prácticas para promotores y project managers: cómo “hacer viable” el granito desde el inicio

Si el granito se quiere convertir en opción real en promoción contemporánea, hay que introducir método. 

Algunas recomendaciones prácticas, derivadas de los casos y de la experiencia sectorial son las siguientes:

  1. Incorporar al industrial y al especialista en fachada desde anteproyecto.
    No esperar a proyecto de ejecución. Cuanto antes se decide modulación, menos desperdicio, mejor coste.
  2. Trabajar con criterios de “sistema”, no de “acabado”. Definir subestructura, drenaje, accesibilidad, mantenimiento, garantías y control documental.
  3. Normalizar detalles críticos. Encuentros de forjado, esquinas, coronación, arranque, huecos, juntas, fijaciones. El riesgo vive en el detalle.
  4. Exigir trazabilidad documental. Material, lote, acabado, ensayos, fichas y mantenimiento previsto.
  5. Alinear especificación con objetivo de activo.

No es lo mismo un residencial de venta que un build-to-rent de 30 años. El material debe responder al plan de negocio.

Conclusión: construir valor, no solo metros cuadrados

El recorrido desarrollado en este artículo permite extraer una conclusión clara: la elección del granito, cuando se formula correctamente, no responde solamente a una preferencia estética ni a una inercia cultural. Es una decisión estratégica de negocio.

Ilustración 9. Durabilidad y valor residual: el granito como inversión material que protege el activo frente al tiempo, la normativa y la obsolescencia.

 

En Londres, el caso de 15 Clerkenwell Close muestra que la piedra puede ser un sistema estructural contemporáneo, con implicaciones directas en simplificación constructiva y control del riesgo; y que, en ciertas condiciones, puede resultar sorprendentemente competitiva en coste de conjunto.

En Toronto, 95 Wellington Street muestra que el recladding con fachada ventilada en granito es una herramienta de revalorización real: reposiciona activos, mejora prestaciones, facilita certificaciones y refuerza el atractivo para el mercado.

En un mercado inmobiliario cada vez más condicionado por el coste total, la gestión del riesgo y la exigencia de activos estables en el tiempo, la elección del material deja de ser una decisión secundaria. 

Y en España, la oportunidad se llama proximidad industrial: Galicia como hub de extracción, transformación y prefabricación con capacidad para aportar control documental, plazos y precisión. En un mundo de las cadenas industriales frágiles y las regulaciones constructivas exigentes, esa proximidad geográfica y de conocimiento es una ventaja operativa, no un simple eslogan.

El granito, cuando se analiza desde la lógica del ciclo de vida, la operación y la previsibilidad, se consolida como una herramienta eficaz para reducir incertidumbres y proteger el valor del edificio. 

La existencia de una industria granitera avanzada y cercana en Galicia refuerza esta ventaja, permitiendo trasladar estas decisiones al proyecto real con mayor control técnico y económico.

Para el promotor, la cuestión ya no es solo qué material utilizar, sino qué decisiones permiten construir activos más sólidos, más defendibles y mejor preparados para el largo plazo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Rellena este campo
Rellena este campo
Por favor, introduce una dirección de correo electrónico válida.
Tienes que aprobar los términos para continuar

Secciones

Y además…