Elegir un acabado a partir de una pequeña muestra requiere cierta imaginación. También la exige entender cómo quedará una cabina de ascensor viendo un catálogo o valorar una zona común que todavía existe únicamente sobre plano. Son situaciones habituales en un sector en el que muchas decisiones se toman antes de poder ver el resultado final.
Cuando pienso en la aplicación de la realidad virtual y la inteligencia artificial al ámbito inmobiliario, encuentro especialmente interesante ese espacio entre lo que un profesional explica y lo que su interlocutor consigue imaginar.
La comercialización en este sector abarca toda una cadena de decisiones. Una promotora selecciona equipamientos, un estudio de arquitectura propone materiales, una comunidad valora renovar un ascensor y una empresa busca soluciones para sus instalaciones. En cada caso, alguien necesita comprender una propuesta, compararla con otras y decidir si responde a sus necesidades.
La realidad virtual puede aportar una forma diferente de mantener esas conversaciones. Pensemos en una cabina de ascensor: sus revestimientos, la combinación de materiales o la disposición de sus elementos configuran un espacio que cuesta valorar observando cada pieza por separado. Poder visualizar el conjunto mediante una experiencia inmersiva ofrece otra perspectiva y ayuda a situar las opciones en su contexto.
A mi juicio, ahí reside buena parte de su interés. Una muestra física permite tocar un material y apreciar su acabado; una representación virtual ayuda a entender cómo podría integrarse en el conjunto. Ambas herramientas se complementan y pueden dar lugar a una conversación más concreta entre proveedor, prescriptor y cliente.
Ese mismo planteamiento puede trasladarse a un vestíbulo, un local comercial, una oficina o una zona compartida. La pregunta que me parece relevante es qué necesita comprender la persona que va a decidir y qué recurso puede ayudarla a hacerlo.
La inteligencia artificial añade posibilidades a este proceso. Veo utilidad en emplearla como apoyo para explorar propuestas visuales, preparar explicaciones adaptadas a distintos interlocutores u organizar la información con la que se presenta una solución. Un arquitecto, un promotor y una comunidad de propietarios pueden necesitar respuestas diferentes sobre un mismo producto.
Ahora bien, conviene distinguir las funciones de cada tecnología. Una experiencia de realidad virtual puede construirse sin inteligencia artificial, y una imagen generada con IA no equivale a una representación técnica fiable. Su combinación tiene sentido cuando cada herramienta cumple una función concreta y el resultado se revisa con criterio profesional.
Esta precisión es especialmente importante cuando hablamos de materiales y acabados. La escala de una textura, su brillo o la iluminación pueden cambiar considerablemente la percepción de un espacio. Por eso, considero fundamental explicar qué se está mostrando, qué opciones están realmente disponibles y qué aspectos deben contrastarse con muestras físicas o documentación técnica.
También creo que deberíamos medir el valor de estas experiencias más allá de su capacidad para sorprender. Me parece más útil preguntarse si permiten comparar mejor dos alternativas, detectar una preferencia a tiempo o evitar un malentendido antes de confirmar un pedido. Ahí es donde la tecnología puede encontrar un lugar estable en el proceso comercial.
El conocimiento del profesional sigue siendo decisivo. Alguien debe interpretar las necesidades del cliente, explicar las limitaciones de una propuesta y orientar la elección. Una visualización puede enriquecer esa labor, pero la confianza también depende de la calidad del asesoramiento.
Entiendo esta evolución como una oportunidad para acercar productos y proyectos a quienes tienen que elegirlos. Desde una vivienda hasta el ascensor que la conecta con el resto del edificio, poder comprender mejor una solución antes de decidir sobre ella tiene un valor muy concreto. Y creo que ese debería ser el punto de partida para incorporar estas tecnologías al sector.
Hugo Botana cofundador y director de proyectos en Lua Gaming












