El pasado día veinticuatro de junio, Venezuela sufrió un doblete sísmico que afectó a la capital del país, Caracas, y a la zona del litoral central, el estado La Guaira, antes conocido como estado Vargas, especialmente las ciudades de La Guaira, Catia La Mar, Macuto, Caraballeda y Naiguatá. Es probable que, debido a que el veinticuatro de junio es festivo nacional y se conmemora la victoria en la Batalla de Carabobo, que supone la independencia de Venezuela, mucha gente estuviera en la playa, es decir, en las zonas más afectadas por los sismos.
Qué es un doblete sísmico
¿Pero qué ha sido lo que ha ocurrido? En primer lugar, intentaremos explicar qué es un doblete sísmico. Se define como doblete sísmico al evento en el cual se producen dos terremotos en un breve espacio de tiempo. En este caso, apenas treinta y nueve segundos entre el primer terremoto, cuyo epicentro se ubicó a veintisiete kilómetros de la ciudad de San Felipe, en el estado Yaracuy (los estados corresponden a las comunidades autónomas en España), con una intensidad de 7,2 en la escala Richter y a una profundidad de veinte kilómetros, y el segundo terremoto, localizado a veintiocho kilómetros de la localidad de Yumare, a diez kilómetros de profundidad, con una intensidad de 7,5.
Dichos terremotos se produjeron en el sistema de fallas Boconó y San Sebastián, dos de las tres fallas más importantes de Venezuela junto con la falla del Pilar. Dichas fallas delimitan la Placa Sudamericana y la Placa del Caribe y discurren desde la ubicación de los epicentros, prácticamente paralelas a la costa de Venezuela.

Antecedentes sísmicos en Venezuela
Históricamente, Venezuela se ha visto afectada por sismos dada su posición geográfica. Probablemente, el más famoso históricamente sea el del veintiséis de marzo de 1812, en plena Guerra de Independencia. Dicho sismo destruyó muchas villas republicanas, mientras que otras villas que se mantenían fieles a la Corona apenas sufrieron daños, lo cual sirvió a los frailes y sacerdotes realistas para afirmar que dicho terremoto había sido un castigo divino. Enterado de esto, Bolívar pronunció su célebre frase: “Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca”.
Los terremotos que nos ocupan han sido los más fuertes en algo más de un siglo, desde el año 1900, con el terremoto de San Narciso, ocurrido el día de San Narciso, el veintinueve de octubre de 1900, con una intensidad de entre 7,6 y 8, según las crónicas de la época.
El 29 de julio de 1967, a las 20:05, se produjo el terremoto de Caracas del 67, con una intensidad de 6,7 y una duración de treinta y cinco segundos, según el Observatorio del Cagigal. Según las crónicas de prensa, la zona más afectada en esa ocasión fue Los Palos Grandes. El último terremoto de gran intensidad registrado en Venezuela fue el veintiuno de agosto de 2018, con una intensidad de 7,3 y una duración de dos minutos y veinte segundos.

Factores que explican el grado de destrucción
Una vez pasados los días y tras recopilar mucha información, intentaremos explicar el alto grado de destrucción en ciertas áreas, como las ciudades del litoral central, (La Guaira, Macuto, Catia La Mar) o en la misma ciudad de Caracas, en zonas como Altamira, La Castellana, La Pastora, etc.
Debemos tener en cuenta una serie de factores: profundidad, distancia, intensidad, duración y suelo. En el caso de los terribles terremotos del veinticuatro de junio, la profundidad a la que se situó el epicentro y el suelo serán factores determinantes en la tragedia.
Intensidad, profundidad y duración
La intensidad: en este caso tenemos dos terremotos separados por apenas treinta y nueve segundos y con una intensidad de 7,2 el primero y 7,5 el segundo. Si el primero daña estructuras, el segundo, apenas medio minuto después y de mayor intensidad, te mata. Hay que tener en cuenta que la escala Richter es una escala logarítmica o multiplicadora; por ejemplo, de 6,5 a 7,5, la energía producida es treinta y dos veces mayor, y de 5,5 a 7,5 es mil veces más energía.
Profundidad: en este caso, ambos terremotos han sido muy superficiales, el primero a doce kilómetros de profundidad y el segundo a apenas diez kilómetros. Se trata de eventos a muy poca profundidad, por lo que la energía liberada por los temblores apenas es absorbida por el terreno. A pesar de que los epicentros se sitúan hacia el oeste de Caracas, a más de doscientos kilómetros, el temblor se desplazó por la falla, al reajustarse la misma, en dirección a la capital.
El evento telúrico tuvo una duración de tres minutos, de los cuales al menos un minuto corresponde al terremoto principal. Esto nos da una idea de la angustia de las personas que, a pesar de estar acostumbradas a convivir con pequeños temblores, yo de pequeño cuando vivíamos en Caracas, viví al menos dos pequeños sismos, sufrieron un evento de tal magnitud y de tanta duración, algo que no es nada agradable.
El papel del suelo en Caracas y La Guaira
El suelo, en este caso, es un factor fundamental en el resultado de la catástrofe. Vamos a dividir el área más afectada en dos zonas. La primera, Caracas, la capital de Venezuela, con una altura media de 900 metros sobre el nivel del mar, se ubica sobre un valle atravesado por el río Guaire y tiene un desarrollo urbano longitudinal.
El principal accidente geográfico que define Caracas es la Cordillera de la Costa, ubicada al norte de la ciudad, que en el tramo urbano de Caracas se conoce como el Ávila, forma un parque nacional y coincide con los picos de mayor altura, como el Pico Naiguatá, con 2.765 metros de altura. Este parque nacional separa Caracas de La Guaira y del mar.
Dicho accidente geográfico va a tener su importancia en los hechos, ya que la erosión de dicha cordillera genera, por el lado de Caracas, depósitos de tierras aluviales que, en zonas como Altamira y Los Palos Grandes, pueden tener hasta trescientos metros de profundidad. Según Feliciano de Santis, presidente de la Sociedad Venezolana de Geólogos, el terremoto provocó la licuefacción del suelo durante el evento sísmico. El suelo pierde resistencia y las construcciones se vuelven vulnerables ante estas circunstancias.
En el caso de Caracas, a diferencia de La Guaira y el resto de ciudades del litoral, la ciudad se asienta en un “cuenco geológico”, lo que amplifica el movimiento. Es como cuando lanzamos una piedra en un pozo: vemos cómo las ondas se desplazan hacia el exterior, pero al llegar a las paredes del pozo rebotan y vuelven desviadas, haciendo que toda la superficie del agua vibre.

La situación en La Guaira
En el caso de La Guaira, tenemos el mismo problema de suelos aluviales que en Caracas, pero aquí la situación es más crítica, ya que tras la tragedia de Vargas, en diciembre del año 1999, (en tres días llovió lo que llueve en un año), se produjo un masivo desplazamiento de tierras desde la montaña hacia el mar, a través de las quebradas existentes (cursos de agua temporales o con un caudal muy bajo), que dibujó una nueva línea de costa. Con el paso de los años, esta ha sido urbanizada en muchos casos.
Las ondas sísmicas, al tener al sur la Cordillera de la Costa y al norte el mar Caribe, crean el mismo efecto que cuando se lanza una piedra al mar o a un gran estanque desde la orilla. Las ondas no rebotan, se mueven a lo largo de la costa y a través del fondo marino. Eso nos explica por qué la gran mayoría de edificios que colapsaron lateralmente lo hicieron de sur a norte.

Tipos de colapso estructural
En las imágenes que hemos visto de la catástrofe, hemos visto dos tipos de colapsos estructurales: el edificio que se derrumba sobre sí mismo, que en mi opinión se debe a un problema estructural del propio edificio, y cuando se cae de lado. En este segundo caso vemos cómo la estructura de las plantas superiores está más o menos entera, pero el edificio está caído sobre una de sus fachadas. En ese caso considero que el problema viene de la calidad del suelo.

Resonancia y frecuencia
Lo anteriormente descrito es un resumen rápido de los factores que pueden influir en la destrucción generada por un terremoto. Hay otro factor muy importante: la resonancia o frecuencia. Todos los objetos, si se les somete a una vibración, pueden llegar a colapsar. En el caso de los edificios, esa vibración depende de su altura.
Este efecto se observó en el terremoto de México del año 1985. Parte de la ciudad de México está edificada sobre terrenos desecados que ocupaba el lago de Texcoco; nos encontramos con otro caso de suelos pobres. Lo que llamó la atención a los ingenieros y geólogos fue que los mayores daños los presentaban edificios de una altura media de alrededor de diez plantas. Sin embargo, edificios más altos y más bajos apenas tenían daños. La explicación fue la resonancia: esos edificios, por su altura, vibraban con una frecuencia similar a la generada por el temblor, lo que provocó una ampliación de la vibración y, como consecuencia, el edificio colapsaba.
La importancia de los estudios geológicos y la normativa
Como promotores debemos exigir a las autoridades estudios geológicos de riesgo sismológico actualizados y una normativa conforme a dichos estudios, así como el control de su aplicación, porque existen soluciones técnicas para reducir las víctimas y la destrucción generada por un terremoto. En Venezuela dicha normativa existe, especialmente desde 1967, y se ha ido actualizando en estos años. Aquí el problema ha sido otro, pero no nos corresponde averiguarlo.















