Entrevista a Magda Dalmau, directora Territorial Norte de ASEFA

ASEFA lleva décadas siendo un referente en el seguro decenal. ¿Cómo definiría su propuesta de valor frente a las aseguradoras generalistas?

Nuestra propuesta de valor reside precisamente en nuestra especialización. Esto se traduce en un profundo conocimiento de los riesgos de la construcción y no solo del seguro en sí, sino de todo el proceso asociado. En definitiva, en la forma en que acompañamos al promotor y al mediador a lo largo de todo el proceso constructivo.

Esta especialización nos permite ofrecer algo que no se puede improvisar: una verdadera capacidad técnica en la suscripción del riesgo.

Sabemos interpretar un proyecto, identificar sus singularidades y anticipar los puntos críticos. Y cuando se produce un siniestro, nuestro equipo de tramitación, junto con nuestra red de peritos y técnicos, actúa con un nivel de conocimiento que marca la diferencia para el asegurado.

A ello se suma la solidez: el seguro decenal cubre diez años, lo que exige solvencia, trayectoria y un compromiso que va mucho más allá de la prima inicial.

Muchos promotores, especialmente los más pequeños, siguen viendo el decenal como un trámite. ¿Cómo trabaja ASEFA para cambiar esa percepción?

Me parece una muy buena pregunta. Es cierto que esta percepción sigue existiendo y no debemos ignorarla. El seguro decenal nació hace 26 años de la mano de la Ley de Ordenación de la Edificación (LOE) con una misión precisa: garantizar la seguridad estructural de los edificios de vivienda y proteger al usuario frente a los daños más críticos. El promotor de viviendas está obligado a contratarlo para poder registrar la obra; esa es la realidad.

Sin embargo, curiosamente, es en las obras donde no es obligatorio donde cada vez se contrata más el seguro decenal. Precisamente en este tipo de proyectos es donde más se ha reflexionado sobre la importancia de que el edificio cuente con una garantía, no solo vinculada a la estabilidad, sino también a otros daños que afectan a la impermeabilización, la obra secundaria o las instalaciones.

Desde ASEFA intentamos cambiar esta percepción con argumentos, para que se deje de ver la póliza como una imposición y se reconozca como lo que es: una garantía para los compradores de las viviendas, pero también, y muy importante, una red de seguridad para el promotor y para su propia reputación empresarial.

La experiencia acumulada nos demuestra que muchos de los problemas que acaban en reclamaciones no tienen su origen en fallos estructurales. La repetición de determinadas patologías nos hace ver la necesidad de seguir recordando la importancia de las soluciones aseguradoras relacionadas con la habitabilidad.

Escalada de costes, problemas en cadenas de suministro y escasez de mano de obra. ¿Cómo están afectando al perfil de siniestralidad?

La subida de costes, los problemas de suministro y la falta de mano de obra cualificada están afectando a la siniestralidad en construcción. Aunque la presión económica podría impactar en algunos controles, el promotor sigue cuidando la calidad y el rigor porque es el principal interesado.

El problema lo vemos en la ejecución: la falta de personal con experiencia provoca errores en obra. Ante este escenario, la reacción del sector es reforzar el seguimiento técnico de obra, intensificando los controles sobre todo en las fases críticas y estrechando la colaboración con los Organismos de Control Técnico (OCT).

Por otra parte, los retrasos en obra derivados de estas circunstancias están incrementando mucho las peticiones de prórrogas en las pólizas. Esto hace especialmente relevante que los seguros incorporen cláusulas de flexibilidad para adaptarse a nuevas realidades sin trasladar incertidumbre al promotor.

La rehabilitación y regeneración urbana ganan protagonismo. ¿Está preparado el mercado asegurador?

El mercado asegurador, en general, aún tiene un importante recorrido por delante. La rehabilitación implica intervenir sobre una estructura existente, con su propia historia, posibles vicios ocultos y materiales envejecidos o que incluso han superado su vida útil, en muchos casos con ocupantes que continúan viviendo en el edificio. El riesgo es mucho más complejo de evaluar y el nivel de incertidumbre es mucho mayor.

En ASEFA llevamos años trabajando en soluciones específicas para la rehabilitación, con especial atención a la rehabilitación energética impulsada por los fondos Next Generation. Conviene recordar que, en base a los plazos de responsabilidad establecidos por la LOE, no solo se responde durante diez años por daños estructurales, sino también durante tres años por el resto de los daños. En el ámbito de la rehabilitación, contamos con productos específicos adaptados a este período.

El sector asegurador tiene la obligación de acompañar esta transformación urbana. Si no lo hacemos, el riesgo no desaparece: simplemente queda sin cubrir.

El aseguramiento especializado ha evolucionado hacia un papel mucho más activo y estratégico: ya no se limita a intervenir cuando surge una desviación, sino que acompaña el proceso desde sus primeras fases, contribuyendo a anticipar el comportamiento del edificio.

¿Qué recomendaciones haría a los promotores a la hora de contratar sus seguros?

Lo más importante es que no piensen que todas las pólizas de un mismo ramo son iguales. Las diferencias en coberturas, exclusiones, franquicias y condiciones pueden ser determinantes a la hora del siniestro.

El seguro no debe verse como un gasto, sino como la mejor herramienta, o la única, que puede proteger la inversión del promotor. Ahora bien, para que cumpla realmente su función, debe estar correctamente suscrito y adaptado al riesgo real que se transfiere.

Irrumpen con fuerza sistemas innovadores. ¿Cómo aborda ASEFA su cobertura?

Para nosotros, «menos convencional» no significa «menos asegurable», sino que «requiere un mayor análisis». Y creo que es en estos casos donde se distingue al asegurador especializado. El CLT, la madera estructural o los módulos prefabricados tridimensionales son sistemas con trayectorias contrastadas en otros mercados europeos. Paradójicamente, un sistema industrializado bien documentado puede presentar un perfil de riesgo mucho más controlado que una construcción in situ, sujeta a múltiples variables.

Nuestra aproximación pasa por el estudio caso a caso, evaluando la documentación de producto y la experiencia del equipo proyectista. En este proceso, nuestro equipo de suscripción, junto al papel del Organismo de Control Técnico (OCT), es fundamental para aportar rigor y seguridad en la ejecución desde las fases iniciales. El seguro no puede poner barreras a la innovación constructiva; nuestro rol es acompañarla a través de una sólida cultura técnica y de la información necesaria para suscribir con rigor.

Los sistemas constructivos asociados a la edificación sostenible —envolventes de alto rendimiento, instalaciones integradas, materiales innovadores— requieren una evaluación técnica específica, y no basta con trasladar automáticamente coberturas estándar. Por ello, contar con certificaciones ambientales de prestigio internacional, como BREEAM, LEED, GBCE o Passivhaus, nos ayuda a objetivar esa calidad.

ASEFA es colaborador de APROIN. ¿Qué significa esa vinculación con el tejido promotor gallego?

Galicia tiene para ASEFA una relevancia estratégica y contamos con una presencia consolidada. Precisamente este año, ese vínculo ha recibido un reconocimiento extraordinario con la concesión del Premio Galicia Segura por parte de Fundación INADE (Instituto Atlántico del Seguro, una institución gallega que promueve la cultura del seguro y es un referente en España en gerencia y prevención de riesgos). Para nosotros no es solo un galardón, sino la confirmación de que llevamos décadas trabajando de forma sólida en este territorio, construyendo relaciones de confianza con promotores, constructores y mediadores.

Nuestra colaboración con APROIN es muy estrecha. Cabe destacar que participamos desde hace años, entre otros eventos, en la celebración de los Premios APROIN, que ponen en valor la excelencia en la promoción inmobiliaria, reconociendo la calidad, la innovación y la sostenibilidad de los proyectos. Esto forma parte también de nuestro compromiso con el sector.

Queremos estar cerca de los promotores, escuchar sus necesidades reales y acompañarlos con soluciones adaptadas a las especificidades del mercado gallego: su tipología de promoción, su geografía y sus particulares condiciones climáticas. Para los asociados de APROIN, ASEFA representa acceso directo a interlocutores especializados y la tranquilidad de trabajar con una compañía que conoce el sector desde dentro.

Más allá del decenal, ¿qué otros seguros debería tener en cartera cualquier promotor riguroso?

Antes de nada, conviene aclarar que no existe un seguro que cubra lo mismo que otro: cada uno resulta imprescindible en función del momento o etapa de la obra. Entre los ámbitos fundamentales a cubrir se encuentran, en primer lugar, la responsabilidad civil del promotor, que protege frente a los daños personales y materiales causados a terceros durante el desarrollo de su actividad, tanto en fase de construcción como una vez finalizada la obra. Se trata de un riesgo que a veces se subestima… hasta que llega una reclamación, en ocasiones por importes superiores a los límites contratados en la póliza.

Seguimos con el seguro de afianzamiento de cantidades a cuenta, que además es obligatorio, una caución para cubrir las cantidades anticipadas de los compradores cuando compran sobre plano. En ASEFA tenemos también una posición muy sólida en este ramo —de hecho, el barómetro ADECOSE nos ha otorgado este año la distinción como mejor compañía en ramos técnicos y caución, junto al sello de reconocimiento por valoración global, dos reconocimientos que nos enorgullecen especialmente porque vienen de quienes mejor nos conocen: los mediadores especializados.

Por otro lado, el seguro de todo riesgo de construcción para cubrir daños materiales a la propia obra durante la ejecución. Un seguro imprescindible que protege la inversión ante cualquier tipo de daño accidental e imprevisible durante la etapa constructiva.

Estas coberturas, junto con el seguro decenal, configuran una protección integral que cualquier promotor profesional debe contemplar.

¿Hacia dónde camina el seguro de construcción?

Hoy, la producción de vivienda convive con una exigencia creciente de sostenibilidad, eficiencia y calidad de uso. El comportamiento térmico, acústico y ambiental incide directamente en el bienestar de las personas. La aspiración es desarrollar edificios que no solo reduzcan su impacto ambiental, sino que también ofrezcan una experiencia de uso confortable, saludable y estable a lo largo del tiempo.

Como decíamos al inicio, ya no basta con garantizar la resistencia o la durabilidad de los sistemas constructivos. La calidad se mide también por la capacidad del edificio para responder a condiciones reales de uso y cumplir con las expectativas de un usuario cada vez más informado y exigente. En este contexto, la industrialización de la construcción, con sistemas prefabricados y procesos más controlados y eficientes, está introduciendo nuevas variables de riesgo, pero también grandes oportunidades en términos de calidad, trazabilidad y reducción de errores en obra.

A ello se suman otros retos actuales, como la digitalización del sector, el uso de metodologías BIM, la necesidad de adaptarse a normativas medioambientales cada vez más exigentes o la escasez de mano de obra cualificada. Todos estos factores están redefiniendo la forma de construir y, en consecuencia, la forma de asegurar.

La inteligencia artificial tendrá un impacto especialmente significativo en la gestión de siniestros: en el análisis de causas, la estimación de daños o la detección temprana de patologías a través de imágenes. Pero seamos honestos, la IA es una herramienta, no un sustituto del criterio técnico.

Lo que tengo claro es que el futuro del seguro de construcción pasa por la integración real entre tecnología, industrialización y especialización técnica, pero sin perder la relación cercana y sólida con los clientes.

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