La construcción, sin calidad, no es construcción

Jose M. Millán Perez
Director
Galaicontrol A Coruña

Es un lema muy fácil de entender, y que desde los laboratorios intentamos mentalizar a todas las partes de la importancia del control de recepción en las obras, de ingeniería civil o de edificación.

Ningún ciudadano entendería la compra de un vehículo sin que haya pasado todos y cada uno de los controles de calidad y de seguridad cuando se lo lleva a casa desde el concesionario.

Es más, siempre revisamos la documentación, y se puede comprobar que cumple las directrices y estándares de calidad y seguridad.

Lo mismo si compramos una lavadora, o una nevera, no se nos ocurre pensar que nos la vendan sin cumplir la normativa vigente, y nos aseguramos que tenga eso que se llama Marcado CE.

¿Por qué en la construcción es más difícil mentalizar a todas las partes?

No conseguimos que los agentes de la construcción, todos y en todas las obras, sean conscientes de la importancia del control de calidad en la construcción.

En la industria, los ejemplos del coche, lavadora y nevera, son procesos industriales automatizados en su mayor parte, y los procedimientos están estandarizados, y cuando realizamos la compra no se nos ocurre realizar un control de recepción. Nadie lleva un coche nuevo a un taller para que lo revisen y le digan que está perfecto, porque lo damos por hecho.

Pero en la construcción, que es algo «vivo», el control de recepción es obligatorio, necesario e imprescindible. Desde la geotecnia para calcular bien las cimentaciones de las estructuras, el control de los materiales con los que se construye, hasta las pruebas de servicio de instalaciones, estanquidad de cubiertas, estanquidad del conjunto fachadas-carpinterías, pruebas de carga en viaductos, etc.

Y cuando un ciudadano compra una vivienda, por ejemplo, y está en el notario para la firma, ¿pregunta si se ha realizado el correcto control de calidad de recepción? ¿O qué control se ha realizado en la construcción de su vivienda?

No conozco ningún caso, excepto los que trabajamos en el sector, que, seguro que más de uno se ha preocupado de preguntar por la vivienda que compra, si tiene el control de calidad exigible y si los resultados has sido correctos.

Sólo nos preocupa que los acabados sean de «calidad», algo subjetivo, pero no si la estructura se ha ejecutado con el hormigón y acero correcto, realizando los controles de calidad obligatorios por reglamento, si las ventanas han sido revisadas con pruebas de estanquidad que aseguren, estadísticamente, que se han colocado y sellado en la fachada correctamente para que no nos entre agua cuando llueva, o si los revestimientos del suelo en zonas comunes se ha comprobado su resbaladicidad para no tener un accidente caminando un día de lluvia o la superficie mojada tras pasar el servicio de limpieza, y así muchas más situaciones que se presenta cuando adquirimos y nos hacemos usuarios de una vivienda.

La presión del agua de abastecimiento para la cocina y los baños, los desagües, la seguridad de la instalación eléctrica, y un sinfín de decisiones que se deben solucionar en una obra respecto a la calidad, y no cuando el usuario vive en ella y aparecen los problemas.

Insisto en la gran diferencia entre la industria y la construcción:

  • En la industria está todo estandarizado y son procesos muy protocolizados,
  • pero en la obra civil y en la edificación, todo es ad hoc, construcción viva permanentemente desde la excavación de los cimientos hasta la recepción y entrega de las viviendas.

Pero como dice el título de esta columna, la construcción, sin calidad, no es construcción, y, sin embargo, no hay conciencia real de la situación por parte de nadie que no sea el sector del control de calidad.

Es fácil encontrarnos que al finalizar una vivienda unifamiliar se hayan «olvidado» de realizar el control de hormigón reglamentario completo, o del acero de la estructura, algo obligatorio por Código Estructural.

O que el laboratorio sea el último en enterarse, muchas veces llamando desde obra cuando ya está la cuba de hormigón en la obra, y llamar pensando que el laboratorio es como un local de comida rápida, con autónomos esperando en la puerta del negocio para que nos traigan a casa la comida.

Eso sí, cuando aparecen los problemas, ¿a quién llaman todos los agentes de la construcción, o el propio usuario? Por supuesto …

Situaciones de «me entra agua por la ventana cuando llueve» y llamar la perito del seguro, que termina llamando a un laboratorio para que realice las pruebas, cuando ya vivimos en esa casa o ese piso, no tiene sentido en pleno siglo XXI. Pero ocurre.

Y ni os cuento con las terrazas, balcones y cubiertas, la cantidad de llamadas de clientes cuando empieza la época de lluvias. Y no es fácil, con la cubierta finalizada, detectar los problemas, ya que el agua puede estar accediendo por una zona mal impermeabilizada, pero aparecer, por las pendientes de la propia cubierta, en otra zona diferente, obligando a levantar la cubierta y a volverla a ejecutar.

O que le aparecen fisuras (por no llamarle grietas) en los tabiques de la vivienda, por asentamientos no controlados por una cimentación no correcta debido a una geotecnia escasa (por ahorrase el chocolate del loro), o nula, es más habitual de lo que el ciudadano de a pie cree.

Solucionar los problemas cuando ya está viviendo el usuario, es mucho más costoso que cualquier control de calidad.

Por eso, SIN CALIDAD, la construcción NO ES CONSTRUCCIÓN.

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