Faro Grande Cabo Silleiro recibe el Premio APROIN 2025 a la Mejor Actuación Inmobiliaria de Rehabilitación No Residencial

El Faro Grande de Cabo Silleiro, uno de los emblemas más reconocibles de la costa gallega, ha sido distinguido con el Premio APROIN 2025 a la mejor rehabilitación no residencial. La actuación, propiedad de la Autoridad Portuaria de Vigo y promovida por Lighthouse Baiona, transforma este histórico edificio en un exclusivo espacio hotelero, manteniendo intacta su identidad arquitectónica y su función como referencia marítima. La obra, dirigida por el arquitecto Pedro de la Puente y ejecutada por Di Milano, destaca por combinar sostenibilidad, conservación patrimonial y una cuidada adaptación a nuevos usos, abriendo este singular enclave al disfrute del público sin renunciar a su esencia.

Rehabilitación del edificio y adaptación al uso hotelero

A solo unos kilómetros del centro de Baiona, se alza el Faro Silleiro, en el cabo que guarda la entrada sur de la ría de Vigo. Sus rayas rojas y blancas se recortan sobre el cielo atlántico, proyectando su luz a más de 30 millas náuticas para guiar a navegantes y ofreciendo una de las panorámicas más espectaculares de la costa gallega.

La incorporación de nuevos sistemas y avances tecnológicos, ha permitido que los edificios que albergan los Faros hayan podido liberar grandes espacios para otros usos, manteniendo su función de ayuda y apoyo al transporte marítimo. Esta oportunidad ha impulsado a la Autoridad Portuaria de Vigo a ofrecer, a través de un concurso público, la posibilidad de compatibilizar el uso hotelero para el Faro de Cabo Silleiro, al igual que lo realizado en otros Faros de la costa española.

Desde un punto de vista histórico, la generalización de los barcos de vapor y los intensos movimientos migratorios de la época, en los cuales el puerto de Vigo resultó el de mayor tráfico de pasajeros de Galicia, llevó a considerar que, el Pequeño Faro construido en el siglo XIX, casi a ras de agua y con una torreta de escasa altura, resultaba insuficiente.

En 1924 se construyó el nuevo Faro, aunque un gran incendio en 1925 retrasó su entrada en funcionamiento. Posteriormente, en 1929, se decidió el forrado de baldosines blancos para favorecer el buen estado de conservación de sus fachadas y la mejor visibilidad del edificio desde el mar. Además, la torre a franjas blancas y rojas, al estilo del faro de la isla de Sálvora, que había demostrado ser tan eficaz en cuanto a su avistamiento desde el mar, le confirió entonces el característico aspecto que lo identifica en la actualidad.

La actuación realizada en el edificio, con el proyecto redactado por el arquitecto Pedro de la Puente y la ejecución de la empresa constructora DiMilano, ha tenido como objetivo reestructurar y rehabilitar el interior del edificio existente para poder dedicarlo a uso hotelero, según las normativas actuales. En este contexto, el proyecto plantea una respuesta directa a la sostenibilidad arquitectónica y el mantenimiento del patrimonio construido, que pasa por el reciclaje de lo edificado, manteniendo intactos los elementos y singularidades que han motivado su catalogación. Si bien el Faro mantiene su función de referencia e hito de navegación, las obras de adaptación a un nuevo uso permiten que las edificaciones anexas, sin uso, y en proceso de abandono, perduren en el tiempo.

Partiendo de esta premisa, se mantiene el aspecto exterior y se preserva la geometría, concentrando la intervención en las obras de redistribución interior y en las instalaciones necesarias para el desarrollo de la nueva actividad. Los espacios interiores se organizan con una lógica clara de funcionamiento y de uso. Se incorporan unos espacios exteriores que permiten una relación de la edificación con su entorno, poniéndola más en valor.

Este vínculo con el paisaje y con el público, se refuerza por su posición junto al Camino de Santiago Portugués por la costa, circunstancia que añade un valor añadido al recorrido, destino y experiencia.

Accesibilidad, interiorismo y valoración del jurado

El edificio se abre así a un uso usuario real, coherente con la vocación de que una mayor cantidad de personas puedan disfrutar no solo del interior, sino del enclave excepcional en el que se sitúa.

La planta baja incorpora recepción y zonas de servicio, además de habitaciones y espacios vinculados al uso hotelero. La planta primera se destina a alojamientos, 17 en total, y a las que se puede acceder a través de la característica escalera de caracol que se mantiene en el edificio; también en esa planta, un salón social, donde predomina un rojo intenso, que refuerza el carácter de lugar habitable. La intervención se completa con una actuación exterior de disfrute, pensada como extensión del uso hotelero y como espacio de relación con el entorno inmediato; una amplia terraza al sur y una piscina de borde infinito, como extensión natural del uso y de la experiencia del enclave.

Uno de los gestos decisivos (y necesarios) del proyecto, es el incorporar las exigencias de accesibilidad: se instala un nuevo núcleo de comunicación con ascensor, que garantiza el acceso a todas las estancias y permite que la terraza en cubierta pueda ser disfrutada por cualquier usuario, además de incorporar dos alojamientos accesibles.

La propuesta se acompaña de un criterio de interiorismo y materiales especialmente cuidados, orientado a confort y durabilidad: tabiquería en seco con prestaciones acústicas, suelos cálidos en madera maciza en espacios comunes y moquetas en habitaciones que aportan calidez al descanso, texturas artesanales y guiños al entorno marino completan un ambiente que es contemporáneo, local y auténtico.

En definitiva, el conjunto de la actuación pretende una transformación contenida y rigurosa, preservando lo que debe permanecer: volumen, tipología y presencia exterior, y, desde ahí, reorganizar el interior para hacerlo habitable, accesible y funcional como hotel, incorporando los espacios comunes y exteriores necesarios para que el Faro deje de ser únicamente un hito aislado, distante, y se convierta en un lugar de encuentro, estancia y descanso.

Por todo ello, el Jurado del Premio APROIN ha decidido por unanimidad, otorgar el Premio de rehabilitación en el apartado de No Residencial a la reforma del Faro de Cabo Silleiro, un símbolo de recuperación del patrimonio, que apuesta por crecer sin perder su alma, y promovido por Lighthouse Baiona. ¡Felicidades!

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